Un escenario de precios del crudo 55% por encima de lo previsto también implicaría menor actividad económica y presión sobre la política monetaria, advirtió el último Informe de Política Monetaria (IPOM) del Banco Central del Uruguay (BCU).
El Banco Central realizó una simulación donde estimó que un shock significativo en el precio internacional del petróleo, como el derivado del conflicto en Medio Oriente, podría tener un impacto relevante sobre la inflación doméstica y el nivel de actividad.
Todo está dado para que el Poder Ejecutivo resuelva un nuevo aumento en las tarifas de los combustibles por segundo mes consecutivo esta semana en virtud del estancamiento del conflicto en Medio Oriente, con un barril de petróleo que se sostiene por encima de los US$ 100.
Según el Informe de Política Monetaria (IPOM) del primer trimestre, si el precio del crudo se mantiene 55% por encima de lo proyectado hasta junio de 2026, el efecto inmediato sobre la inflación sería de 0,58 puntos porcentuales en el corto plazo (hasta junio).
A eso se suma el impacto más persistente que surge de la simulación con el modelo macroeconómico del BCU, que proyecta un aumento acumulado de 1 punto porcentual en la inflación al cabo de cuatro trimestres.
Más inflación y menor actividad
El encarecimiento del petróleo se transmite a la economía a través del aumento de los precios de los bienes importados, lo que eleva la inflación transable y, en consecuencia, la inflación general.
En paralelo, ese mismo shock actúa como un factor contractivo sobre la actividad económica. El BCU estima que el PIB podría caer 0,7 puntos porcentuales en el horizonte de un año.
El mecanismo es doble: por un lado, el mayor costo de los bienes importados reduce el poder de compra, afectando el consumo y la inversión; por otro, la política monetaria tiende a reaccionar con subas en la tasa de interés para contener la inflación, lo que refuerza el enfriamiento de la economía.
El peso del petróleo en la canasta importada
El informe destaca que el petróleo representa el 11,6% de la canasta de bienes y servicios importados. Por eso, un aumento de 55% en su precio se traduce en una suba de 6,4% en los precios de importación.
Ese traslado explica que la mayor presión inflacionaria se concentre en los bienes transables, con un incremento estimado de 1,6 puntos porcentuales en ese componente.
En cambio, la inflación no transable mostraría pocos cambios, debido a las rigideces propias del sector y a la respuesta de la política monetaria.
El ejercicio del BCU muestra cómo un shock externo en los precios de la energía puede impactar de forma simultánea sobre la inflación y el crecimiento, configurando un escenario más desafiante para la política económica.
De acuerdo al BCU, este conflicto “implicaría un menor crecimiento de la actividad económica uruguaya en 2026”, mientras que hacia el resto del Horizonte de Política Monetaria (HPM), de 24 meses, la actividad retomaría su dinamismo al ritmo del crecimiento tendencial actual. Asimismo, se espera que la inflación se acelere inicialmente hasta alcanzar un máximo relativo en el primer trimestre de 2027, dentro del rango de tolerancia, convergiendo a la meta a partir de entonces.
En un entorno muy incierto respecto al desarrollo del conflicto se identifican dos grandes riesgos al escenario base que podrían derivar en trayectorias distintas de la inflación respecto a la del escenario base. Por un lado, que se materialice un escenario donde el conflicto se prolongue, implicando que el precio del petróleo aumente y se profundice el shock negativo de oferta, implicando una mayor inflación. Por otro lado, la eventual reanudación del proceso de debilitamiento global del dólar, aumentando el riesgo a la baja de la trayectoria de la inflación.
