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En el marco de la reciente Expo Melilla, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) presentó la utilización de los ovinos en los viñedos, para mejorar la sustentabilidad ambiental, económica y productiva.

El Ing. Agr. Andrés Coniberti, investigador de INIA Las Brujas, lidera junto a la investigadora Georgina García Inza un proyecto que trasciende la simple limpieza de malezas para convertirse en un sistema integral de sostenibilidad ambiental, económica y productiva. Según relata el ingeniero Coniberti, este proyecto “empezó hace años, nosotros empezamos a trabajar con gente de la Facultad de Veterinaria y por interés inicial del SUL se empezaron a sacar algunas tesis y trabajos bastante pequeños respecto a evaluar el comportamiento de animales en viñedos y en ovinos particularmente”.

El investigador señaló que “a medida que empezamos a trabajar empezamos a ver la potencialidad que tenía y siempre estuvimos trabajando durante mucho tiempo, ya desde el 2017 con pequeños trabajos hasta que en los últimos dos años presentamos un proyecto específico para esto que implicaba fondos y más tiempo dedicado a esto”. Esta maduración del proyecto ha permitido que hoy la propuesta sea aplicable no solo a viñedos con perfiles turísticos o de agricultura familiar, sino a cualquier escala de producción vitivinícola que busque eficiencia.

El ahorro en el uso de maquinaria, como disqueras o rotativas, es solo la punta del iceberg de un proceso que modifica la biología misma del viñedo. El ingeniero explica esta transformación conceptual al afirmar que “cuando empezamos nosotros pensamos que era como cambiar un ovino por una disquera o una rotativa, era una cosa así, y después nos dimos cuenta que en realidad hay muchas más cosas, a medida que uno se pone a trabajar y contactar con gente que está haciendo lo mismo empezás a conocer gente y aprender”.

Esta visión multifuncional ha sido validada por experiencias internacionales, como las de productores norteamericanos que, forzados por los altos costos de la mano de obra, descubrieron en el pastoreo ovino una solución de alta precisión. Lo que comenzó como una alternativa ligada a la imagen de sostenibilidad para establecimientos que buscan generar marca, se ha revelado como un potencial económico masivo para aumentar el ingreso por unidad de superficie. Según Coniberti, el proyecto ha pasado de ser un símbolo de sostenibilidad para unos pocos a ser una herramienta que “tiene un potencial mucho mayor y que es aplicable casi que en cualquier viñedo”.

El profesional indicó que la presencia del ovino fomenta un aumento en la biodiversidad del tapiz vegetal, lo que fortalece la resiliencia del sistema ante plagas y enfermedades. Coniberti es enfático sobre este punto al declarar que “en realidad aumenta la biodiversidad, termina mejorando la flora del suelo y la biodiversidad termina siendo un factor clave en la salud del sistema”.

En el aspecto operativo, el pastoreo estratégico permite mejorar “la eficiencia de aplicación de herbicida”, en este sentido explicó que “si vos ponés a los ovinos a comer el pasto justo antes de la necesidad de aplicar, las plantas ya tienen cierto debilitamiento cuando empiezan a brotar y son muy sensibles, entonces algunas malezas que se comportan como resistentes dejan de serlo cuando las trabajas primero con los ovinos y después aplicas el herbicida”.

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