En la Asamblea General Ordinaria, el presidente de la SPLF, Fernando Lugea, repasó el financiamiento del Inale, el rol de las cooperativas y cuestionó el argumento de las industrias que bajaron el precio por caída de los mercados internacionales.
En la Asamblea General Ordinaria del 25 de setiembre, el presidente de la SPLF, Fernando Lugea, hizo un balance del momento del sector y dejó una idea de fondo para sus socios: hay que empezar a “mirar las cosas desde arriba” y dejar de desgastarse en discusiones “por cosas pequeñas”.
Lugea destacó que los productores “se arriesgan, invierten y logran producción récord”, en un sector que es el cuarto exportador del país. Distinguió dos momentos bien diferentes: una segunda mitad de 2025 bastante mejor y una primera mitad de 2026 marcada por un menor precio y mayores costos.
Repasó lo ocurrido en la Cámara de Diputados con la propuesta de financiar el Inale con recursos propios de las exportaciones del sector, aceptada por el Poder Ejecutivo. Tras las reuniones que las entidades habían mantenido con todo el espectro político, dijo, daban por hecho el apoyo a la iniciativa.
Insistió en la misión indispensable del instituto y volvió sobre la necesidad de difundir y promocionar la lechería uruguaya en el mundo, poniendo como ejemplo los audiovisuales promocionales que existen sobre la carne y los sistemas de producción del país.
“Con una fracción de eso ya sería suficiente”, planteó, para dar a conocer la tradición y el conocimiento del tambero uruguayo, además de las condiciones del país para producir leche de calidad.
Cooperativas fuertes, productores en la cuerda floja
Puertas adentro, pidió sincerarse con la realidad del sector: industrias “agonizantes”, cooperativas fuertes y, aun así, siempre algún productor “en la cuerda floja”. Recordó que la cooperativa (por Conaprole) nació hace 90 años, cuando los tamberos se juntaron para darle viabilidad a su producción, y la definió como “un orgullo nacional” y una garantía para sus socios.
Planteó, como un gran gesto para sostener esa línea, corregir la desigualdad para que los votos de los socios no tengan distinto valor. Valoró además su rol social, el cuidado ambiental y el bienestar animal, aspectos que —remarcó— los consumidores tienen cada vez más presentes.
Aplaudió el desarrollo de bancos de forraje y mencionó la experiencia de María Dolores, junto al Instituto de Colonización. Este año, dijo, la operativa viene mejor armada, con la aspiración de que lo producido llegue a los productores que lo necesiten al menor costo posible.
“Más producción no significa mejor negocio”
El tramo central del discurso fue una advertencia.
“Más producción no significa mejor negocio, y mucho menos mejor precio”, sostuvo Lugea, y recordó que históricamente ha ocurrido lo contrario.
Con una fuerte intensificación hacia el maíz y las iniciativas de riego que van a potenciar la producción, planteó que hace falta certeza y capacidad para procesar y colocar esos incrementos productivos.
En ese marco cuestionó el argumento de las industrias que a comienzos de agosto anunciaron una baja de precios, citando entre las razones la caída de los precios internacionales de los lácteos.
Le pareció “inexacto”: tomando como referencia diciembre y enero, esos precios subieron entre 10% y 15%. Lo que dejan traslucir las industrias, planteó, es especulación por el mayor volumen o falta de capacidad para agregar valor y colocar los productos.
Pidió un marco regulatorio adaptado al sistema uruguayo, con más libertad, más rango de movimiento y mayor cooperación entre industrias.
La leche cruda, otra vez como ejercicio de reflexión
Cerró con la idea de la leche cruda, planteada nuevamente como un ejercicio de reflexión y no como una propuesta cerrada. Si por un momento se dejan de lado los obstáculos que pondrían los productores brasileños, ¿qué efecto tendría sobre los tambos uruguayos contar con esa puerta abierta? Subrayó que lo más conveniente sigue siendo agregar valor dentro de fronteras, y que esa debe ser siempre la prioridad.
Pero advirtió que cuando se paraliza una industria se atrasa la recolección de la leche y se pierde productividad, eficiencia y ventas. Pensar en eso, concluyó, es clave para asegurar el futuro de la lechería.

